BALTASAR LOBO

Nace en Cerecinos de Campos (Zamora) en el año 1910 y muere en París en 1993.
Nace en un ambiente modesto y no exento de estrecheces y en una època en el que el ambiente de su pueblo es casi medieval, con una economía anclada en el sector primario y un analfabetismo característico de este tipo de economía.

En ese ambiente, se desarrolla la niñez de Baltasar Lobo, trabajando en la carpintería de su padre.

Pronto sabe que su profesión será la escultura, sus ansias de aprender le llevarán a Madrid donde se matriculará en la Escula de Bellas Artes, pronto sus expectativas de escultor moderno, chocarán con las viejas teorias de sus profesores; esta situación y el estallido de la Guerra Civil, le deciden a cruzar la frntera y se instala en París.

En 1939, conoce a Picasso, y aunque los dibujos que le enseña son de tendencia decimonónica, el contacto con el genio y el ambiente libertario del París de entonces, serán decisivos para su obra moderna y futurista.
Durante la posguerra europea, vive en París en medio del ambiente existencialista de Sain-Germain-des-Pres, conoce al poeta Neruda a Jorge Amado, al pintor Léger y a viejos surrealista.

Es en este ambiente en medio de las ideas libertarias de sus amigos, donde empieza a difundirse la obra de Lobo.
Este entorno le aproxima al Partido Comunista, viaja a la Unión Soviética, el régimen le decepciona y hace que se aleje del Partido.

Después de año 45, el pensamiento surrealista tan importante en la vanguardia europea pierde su beligerancia política, pero se impone en el terreno artístico relacionado con los mitos y raices más profundas del ser humano, en esta forma de ver el mundo , es donde la obra de Lobo encuentra un ámbito imaginario para su creación.
Una constante en la obra de Lobo, es la redondez de sus formas, independiente del tamaño o del material que emplee, y sobre todo esa inmensa capacidad de simplificar e imprimirle esa dulzura y ternura tan alejada del cubismo.

A fuerza de voluntad y talento, sin el apoyo y aplauso de las estructuras culturales de la época, desarrolla una obra de la máxima calidad, consideradad en lo más alto del arte moderno español.

En su obra lo figurativo y lo abstracto, se superponen, es una introspección en el ser primitivo que todos llevamos dentro.

Tres etapas, pueden distinguirse en la obra de Lobo:
1º Una etapa infantil ”Edad del barro”
2º Una etapa “Adolescente” el de la madera desarrollada por lo aprendido en la carpintería paterna.
3º Una etapa “Edad de la madurez” que le enfrenta a los mármoles y a los metales, con cuidado exquisito a la labor de la fundición, donde a partir de moldes de yeso, realiza realiza sus extraordinarias esculturas de bronce.
Desde muy pronto, a diferencia de lo que pasaría en España, la obra de Lobo fué objeto de una gran difusión dentro de Francia, Praga, Bruselas, Luxemburgo, Zürich, Caracas o Tokio, lo que le otorgaría desde los años 70 un lugar destacadísimo dentro de la escultura europea.

Hasta 1960, en que El Museo de Arte Contemporáneo de Madrid le organiza una retrospectiva, el escultor zamorano no pudo reencontrarse con su público, para el que había pasado demasiado tiempo desapercibido.
Posteriormente la Galería Theo seguiría de cerca la trayectoria del artista.

Su reconocimiento internacional se tradujo también en numerosos premios y distinciones como el Premio André Susse de Escultura (1958), el Premio Jacques Lenchener (1974), el Premio Oficial de las Artes y las Letras (Francia, 1981), la Orden Andrés Bello del Gobierno de Venezuela (1989) y la Medalla de Oro Susse Fréres Fondeul.
Los galardones en España llegarían necesariamente tras el cambio político: el Premio Nacional de Artes Plásticas de 1984 y el Premio de Castilla y León de las Artes de 1985.

En la década de los 80 afortunadamente se estrecharon sus lazos con la tierra que le vio nacer y que él nunca quiso olvidar, así en 1984 podrá celebrar su primera exposición en Zamora y, dos años después, la VIII Bienal de esta ciudad, le dedicará una sala especial en en homenaje a su fructífera trayectoria artística

El sentido monumental de su obra alcanzará su plenitud con 2 esculturas urbanas basadas en desnudos masculinos: “A los españoles muertos por la libertad” (1948), monumento en piedra que se levanta en Annecy y “ El homenaje al poeta León Felipe” (1983),bronce que encontramos en Zamora.